Llegar a esa cifra fue el resultado de una profunda evaluación técnica, combinada con el convencimiento de que debemos hacer una transformación profunda en materia productiva y de uso de nuestros recursos. Se trata, para ponerlo en una frase, de aprender a vivir de manera más sostenible, sin acabar con el patrimonio que heredamos y pertenece a las generaciones venideras.

Cuando el presidente de la República sembró en inmediaciones de Bogotá el árbol número 120 millones, durante la Gran Sembratón Nacional Colombia Respira, no solo se completaron dos terceras partes de la meta de plantar 180 millones de unidades antes de finalizar 2022, sino que además se envió el mensaje de que Colombia se está moviendo en múltiples frentes para combatir uno de sus peores azotes: la transformación de ecosistemas naturales, principalmente por deforestación.

Sin duda, la pérdida gradual de nuestra superficie boscosa es una verdadera tragedia ante la cual hay que actuar con contundencia. Si bien todavía el 52,3 por ciento del territorio nacional –cerca de 60 millones de hectáreas– está cubierto de verde, ello no esconde el tamaño del desafío.

De acuerdo con los cálculos de los expertos, para los últimos veinte años, 2000-2020, fueron deforestadas tres millones de hectáreas, lo cual constituye una pérdida invaluable en materia de biodiversidad, servicios ecosistémicos y calidad de vida para incontables comunidades. Asimismo, es muy importante considerar que a su vez esta deforestación ha sido una de las principales fuentes de emisiones de gases de efecto invernadero en el país, lo cual contribuye de manera indiscutible con los efectos negativos del cambio climático.

Este último punto es clave. Más allá de que el problema ya había sido identificado, con la suscripción del Acuerdo de París, Colombia se comprometió con una meta ambiciosa, referente a la reducción de emisiones de dióxido de carbono (CO2) que llegan a la atmósfera. Por ello, el propósito es que la reducción de emisiones para 2030 sea del 51 %, en comparación con los niveles de mediados de la década pasada.

Llegar a esa cifra fue el resultado de una profunda evaluación técnica, combinada con el convencimiento de que debemos hacer una transformación profunda en materia productiva y de uso de nuestros recursos. Se trata, para ponerlo en una frase, de aprender a vivir de manera más sostenible, sin acabar con el patrimonio que heredamos y pertenece a las generaciones venideras.

Convertir en realidad el objetivo pasa por aplicar el Plan de Lucha contra la Deforestación, diseñada por el Minambiente. Los pilares definidos incluyen un plan de acción claro a través de legalidad y control territorial, por ejemplo, emprendimiento social y económico y monitoreo permanente.

Las herramientas en cuestión se ven complementadas con medidas de orden punitivo. La Ley de Delitos Ambientales sancionada el año pasado castiga de manera ejemplar la promoción y financiación de la deforestación, entre otras conductas. Gracias a esta circunstancia, los jueces de la República disponen de herramientas para imponer penas ejemplares que pueden llegar a los 15 años de cárcel. Es mucho lo que debemos proteger: somos el segundo país más biodiverso del mundo y contamos con 63.303 especies silvestres registradas, según reporte de 2021, solo por nombrar algunas de nuestras riquezas naturales.

La justicia debe estar apoyada por lo que hagan las Fuerzas Militares y de Policía. Soy testigo de primera mano del compromiso de nuestros uniformados a la hora de impedir el accionar de quienes de manera criminal acaban con la riqueza de todos.

Por fortuna, contamos igualmente con el respaldo de la tecnología. Ahora, gracias a la información satelital es posible monitorear detalladamente nuestros bosques y reaccionar con mayor rapidez ante quienes promueven los cultivos ilícitos o la minería ilegal, dejando a su paso desolación y pérdidas.

En la medida en que consigamos llevar la deforestación a cero para finales de la presente década, aseguraremos que las emisiones de gases de efecto invernadero atribuibles a Colombia se ubiquen dentro de los compromisos citados. Así, no solo actuaremos de forma responsable frente a nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos, sino que le demostraremos al planeta que combatir el calentamiento global es factible, mientras preservamos el tesoro inigualable e irremplazable que constituyen nuestros bosques y ecosistemas, patrimonio que estamos enriqueciendo con la siembra de 180 millones de árboles, de los que ya hemos plantado más de 124 millones.

* Ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible.

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