Los gobiernos, las empresas y todos los sectores de la producción en Colombia hacen grandes esfuerzos para que el impacto de la enfermedad covid-19 sea menor, principalmente en dos frentes: salud y economía. Ni decir, por supuesto, del gran aporte de los ciudadanos responsables, que, al cuidarse, cuidan a los demás.

Hay formas de superar obstáculos, apoyándonos en buenas prácticas de administración pública, en la tecnología, en la despensa regional, en la sostenibilidad ambiental, siempre con solidaridad; pero tenemos que estar preparados para el futuro inmediato porque los cálculos de cómo vendrán las cosas no son alentadores. Sin ser pesimistas, sí debemos proceder con sensatez y con los pies sobre la tierra.

La ONU informó el jueves 9 de julio que alrededor de 45 millones de personas pasarán de la clase media a la pobreza en América Latina y el Caribe, por el coronavirus. No olvidemos que esta ya era la región más desigual del mundo y que es el actual epicentro de la pandemia, lo que empeora la situación, con más de cuatro millones de casos confirmados y cerca de los 200 mil muertos. La organización también estima que el PIB regional caerá este año 9,1%, jamás visto en un siglo.

En el mismo sentido, en el informe ‘La clase media andina frente al shock del covid-19’ el Banco Interamericano de Desarrollo comunicó recientemente que la franja de pobreza en Colombia aumentará de 29,8%, antes de la pandemia, a 33,8% durante la misma.

El sector financiero tiene que seguir brindándole más oportunidades a los colombianos, a través de planes aterrizados, sin tanto trámite y efectividad, pues no enfrentamos una enfermedad cualquiera, sino el virus más peligroso del último siglo. Los gobiernos nacional, departamental y locales vienen ejecutando estrategias para atender a las poblaciones, pero los ciudadanos no pueden olvidar que ninguna medida será exitosa si ellos no toman consciencia de que salir a la calle sin necesidad, y, además, sin las correctas medidas de protección, es un proceder irresponsable que contagia y mata.

La solidaridad no sólo era muy necesaria cuando se decretó el aislamiento obligatorio riguroso, no, ahora es más importante y lo será aún más en los meses siguientes, con los picos de la pandemia. Evidentemente, hay personas que pueden soportar el golpe económico de la pandemia mejor que otras. En este proceso de reinvención lo importante no son las grandes utilidades, sino poder pasar unidos este duro tramo de la vida que nos tocó a todos.

La virtualidad nos está enseñando mucho y hemos descubierto que así también podemos sacar adelante proyectos, hacer reuniones, estudiar, gobernar. Los padres de familia deben entender que a través de este recurso sus hijos también recibirán una educación de calidad, con mayor acceso al conocimiento. No nos detengamos, no trunquemos más sueños ni les cerremos las puertas a las posibilidades que el virus aún no nos cierra.

La situación es muy grave, es cierto, pero a lo largo de nuestra historia hemos superado eventos y períodos igual de críticos. Somos un pueblo pujante, resiliente, que ha sabido encontrar su camino en medio de muchas adversidades, y esta, a pesar de lo letal, es una más. Seremos recordados por cómo logramos salir adelante.

Carlos Eduardo Correa

Exalcalde de Montería.

Publicado en El Meridiano.

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