Una solución natural

Aprendamos de la naturaleza y utilicemos los recursos que están en el mismo entorno.


Las crisis pueden ser aprovechadas para tomar decisiones aplazadas. Esta pandemia que amenaza a la humanidad, aunque es una situación adversa, nos devuelve al principio básico, y al reto, de cómo vivimos mejor sin afectar tanto al planeta.

Pero hay otro compromiso, el de sacarle el mayor provecho a los recursos disponibles desde la agricultura, la manufactura y el desarrollo empresarial sostenible, con sus bienes y servicios, sin olvidar los residuos, que ya no pueden seguir viéndose como desechos inutilizables, sino como materia prima de otros procesos.

Colombia es una nación agrícola, productivamente descentralizada, con regiones pesqueras, ecoturísticas, mineras, gastronómicas, con un sector alimentario e industrial en crecimiento. Partiendo del concepto de economía azul, de Gunter Pauli, en el país se deben desarrollar innovaciones de bajos costos que generen empleo y fortalezcan el capital empresarial, resolviendo, para empezar, la demanda local con productos locales. Aprendamos de la naturaleza y utilicemos los recursos que están en el mismo entorno.

¿Cómo hacer para que los residuos vuelvan al ciclo de producción?: reconocer que la salud del planeta es crítica y que hay una sobrexplotación; asumir más responsabilidad con Colombia, cuyo 15 % de su territorio representa 31 millones de hectáreas protegidas, y con sus 50.000 especies registradas, que lo convierte en el segundo país más biodiverso del mundo; cerciorarse de si es necesario comprar algo, y al utilizarlo, ver si se le puede dar otro uso; ir diciéndole “no a la producción de residuos que la Tierra sea incapaz de absorber”; ingeniarnos cómo reutilizar, por ejemplo, los envases de alimentos, el cepillo de dientes, los periódicos, revistas, el agua, el café, las cáscaras, desde el emprendimiento creativo, el diseño y la tradición, y en esto nuestros artesanos llevan ventaja.

Pensar en una reinvención y readaptación económica y social, desde unas políticas sostenibles ‘azules’, más que una opción es un deber ciudadano y moral con el entorno y la familia del futuro. En su informe de abril, la Organización Meteorológica Mundial resaltó que el lustro 2015-2019 fue el más cálido del que se tiene registro, y que la temperatura global hoy es de 15,5 grados centígrados, 0,86 grados mayor que en la década del setenta. 

Sí a la empresa, pero respetando a la naturaleza, extrayendo recursos sabiendo, desde el principio, cómo reutilizar sus restos. Respondamos la pregunta de Pauli: ¿qué hacer con lo que queda?; y lo que hagamos, trayendo de vuelta los residuos a la cadena de valor, debe producirse en la región y ser económico para todos.

Con el modelo de sostenibilidad ‘azul’ local, en alianza entre gobiernos regionales y empresa privada, se logra el bienestar entre las economías, los ecosistemas y los humanos. Una razón más es que el cambio climático, que vulnera los recursos hídricos en un 50% del territorio al alterar el régimen hidrológico, causa desabastecimiento y amenazas naturales. El consumo y el asentamiento cambiaron, ahora eduquémonos y adaptémonos a la nueva realidad.

Carlos Eduardo Correa
Exalcalde de Montería.

Artículo original de Portafolio.co