Si bien el confinamiento tuvo un impacto positivo en la naturaleza y vimos retornar la vida silvestre a algunos centros poblados, los efectos a largo plazo de la pandemia no son esperanzadores, a menos de que tomemos acción, pues esos impactos distan mucho de ser permanentes. 

Si bien el confinamiento tuvo un impacto positivo en la naturaleza y vimos retornar la vida silvestre a algunos centros poblados, los efectos a largo plazo de la pandemia no son esperanzadores, a menos de que tomemos acción, pues esos impactos distan mucho de ser permanentes. 

Si bien el confinamiento tuvo un impacto positivo en la naturaleza y vimos retornar la vida silvestre a algunos centros poblados, los efectos a largo plazo de la pandemia no son esperanzadores, a menos de que tomemos acción, pues esos impactos distan mucho de ser permanentes. 

Por eso, es nuestro deber ver esta pandemia como una oportunidad para que los planes de reactivación económica no solo se construyan para proteger empleos y la salud de las personas, sino también el medio ambiente.

Y esto debe implicar desde frenar la deforestación y tener planes eficientes para la reforestación, hasta la implementación de modelos de producción más limpia y con menos impacto en los ecosistemas.

Por un lado, el compromiso con el crecimiento limpio y sostenible que plantea el Gobierno Nacional generará más de 10 mil empleos directos e indirectos en las zonas donde se ejecutan y ejecutarán proyectos de energías renovables y de transmisión.

Una gran apuesta de cara a la reactivación económica postpandemia, pues no solo buscan el menor impacto al medio ambiente, sino que también pretende posicionar a nuestro país como un abanderado de la transición energética en la región. 

De surtir el proceso de manera adecuada y con la puesta en marcha de estos proyectos, Colombia podrá ver en este sector una fuente importante de ingreso; al mismo tiempo, las regiones podrán dejar de depender de los productores de este servicio para colegios, centros de salud y otra infraestructura institucional.

Pero la sostenibilidad ambiental abarca desafíos en otros frentes, aprovechables desde diferentes sentidos. 

El país se ha planteado la restauración y siembra de 180 millones de árboles a 2022, una meta potente si se tiene en cuenta que en las últimas tres décadas Colombia ha perdido unas 6,7 millones de hectáreas de bosque y que está atada a una demanda de mano de obra local y a la inclusión de la comunidad para hacerla sostenible.

Esto, en conjunto con dos grandes proyectos sobre el río Magdalena generarían cerca de 90 mil empleos. 

En primer lugar, la recuperación del Canal del Dique, que ha sido catalogada por el presidente Iván Duque como la obra más importante de adaptación al cambio climático que se hará en América Latina en los próximos años, mejorará la navegabilidad a lo largo de 117 kilómetros entre la bahía de Cartagena y Calamar (en la ribera del Magdalena) y será clave en el proceso de descontaminación de la bahía, pues los sedimentos del canal se dispondrán de manera adecuada.

Así mismo, el proyecto la navegabilidad del Magdalena está cerca de convertirse en una realidad para el transporte intermodal por este, el cauce más importante del país.

Es importante también que las empresas se adapten a modelos productivos más 
limpios. 

Una tarea que debimos haber comenzado hace tiempo y que traerá beneficios ambientales y económicos para el país. Es igualmente clave que los gobernantes locales se unan e incentiven estas iniciativas para el desarrollo de sus regiones.

Carlos Eduardo Correa
Exalcalde de Montería

Publicado en Portafolio.

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